domingo, 2 de octubre de 2011

EL MÁLAGA SE PONE LÍDER CON UN GOLAZO DE CHILENA

EL MÁLAGA SE PONE LÍDER CON UN GOLAZO DE CHILENA.

Baptista da el triunfo al equipo andaluz con un tanto en el tiempo de descuento.

Julio Baptista, con una chilena dentro del área, hace que el Málaga se acueste líder de 1ª División tras remontar hasta en dos ocasiones a un Getafe muy bien colocado.

El Málaga realizó un único cambio en su once con respecto al del pasado encuentro, posicionando a Jesús Gámez en lugar de Sergio Sánchez.
El entrenador del Getafe, Luís García, tuvo más problemas para configurar su alineación, ya que su portero Moyá no superó diversas molestias durante el calentamiento previo al encuentro.

La primera parte fue un conjunto de idas y venidas sin peligro real, en el que el Getafe estuvo aguantando el embite de un Málaga que no mostraba la cara de los últimos partidos.

Ambos equipos comenzaron el encuentro donde el Getafe no se achantó ante un Málaga que comenzó teniendo la iniciativa, aunque sin resultados.

El centrocampista Pedro León comenzó el ataque azulón con un una falta directa a portería, marchándose por un lateral por escasos centímetros. A su vez, el Málaga se echaba hacia adelante a base de faltas y córners. En una de esas jugadas, en el minuto 18, Alvarez Izquierdo mostró tarjeta amarilla a Baptista por simular un penalty. ^Precisamente, a partir de ese momento, el Málaga titubeó ligeramente y el Getafe se hizo con el control de la primera mitad.

De cara a la segunda parte, ésta se inició de forma muy liosa, sin ocasiones ni control por parte de los dos equipos; pero un balón suelto y sin aparente peligro fue aprovechado por Pedro León que, con una volea con la zurda, logró vencer al portero malaguista en el minuto 54. Hasta ese momento, el Málaga llevaba un récord de imbatibilidad que se a quedado en 460 minutos, algo que no se repetía desde la campaña 67/68.

Lejos de hundirse, el Málaga consiguió terminar algunas acciones hasta conseguir el gol del empate, por medio de una falta que botó Joaquín y cabeceó Baptista. Aunque el balón fue despejado por el "Cata" Díaz, Van Nistelrooy aprovechó el rechace para marcar de cabeza, adelantándose a la línea defensiva.

En el minuto 75 llegó la jugada polémica del partido. Una jugada tras falta de Varela sobre el malaguista Eliseu fue cabeceado por el venezolano Miku; el balón le dio involuntariamente en la mano y acabó dentro. Aunque consultó, el árbitro concedió el gol, pero sacó la segunda amarilla a Lacen por protestar. Unida a una amonestación anterior por falta casi al acabar la primera mitad. En este jaleo, también Eliseu vio cartulina amarilla por encararse con Lacen.

Tras esto, el Málaga vio su oportunidad y se echó al ataque en una operación desmesurada para conseguir el gol. Y en el minuto 88 las acciones dieron su fruto, al marcar Maresca el 2-2 tras aprovechar un balón rechazado hasta en tres ocasiones y despejado por Codina.

Cuando todo parecía estar sentenciado, Maresca controló inteligentemente un balón aéreo que cedió a Baptista, el cual se ingenió una chilena en el interior del área sin que nada pudiera hacer el portero del Getafe.

Así, el Málaga duerme hoy como líder de la Liga, a expensas de lo que hagan mañana Betis y Levante (enfrenados entre sí), Barcelona, Sevilla y Real Madrid. El Getafe se queda 16º con 4 puntos, empatado con Racing, que empató a uno contra el Rayo, y Granada, que no pudo con un Valencia y su tempranero gol en el minuto 3, obra de Canales.

Sigueme en Twitter: @Vicalma


lunes, 18 de octubre de 2010

Capítulo 3: Quién no busca, encuentra.

Desde que la conozco, Ana siempre me ha repetido una frase que recuerdo en todo momento. Bueno... una de las que me dice es "¿se puede saber qué estás haciendo ahora?" Pero la más importante, la que da título a este capítulo de mi vida, es esa que tanto me ha ayudado: "quién no busca, encuentra".

Sábado, 9 a.m.

Suena el despertador, era de esas mañanas que no cuesta nada salir de la cama de un salto. Ducha, afeitado, desayuno rápido y a coger el bus rumbo al Torneo FIFA 11 que se celebraba esa mañana en la Fnac; Por la tarde, campeonato de Málaga de Tekken 6. Entre todo eso y hasta el final del día, aventuras sin fin como suele ser costumbre...

La llegada al primer torneo fue espectacular: una tele gigante apartada para los participantes, zona acotada para todos nosotros y la megafonía anunciando un gran torneo.
Al principio todo bien, la fase de grupos la pude pasar sin mayores complicaciones, pero al llegar a semifinales... perdí 5-3.
No estaba todo decidido; aún podía ganar el partido por el 3er y 4º puesto, y optar por el tercer premio que consistía en el juego para la consola más una mochila llena de regalos...
Perdí 0-3.

En el momento en que el speaker daba el nombre del ganador y yo me retiraba, mi móvil sonó. Era Germán.

- Oye tío, ¿qué tal el torneo?
- Bien. Bueno, todo iba como la seda hasta que se me ha cruzado un tío en semis y no he podido con él. Luego en el partido por el tercer puesto me han manteado, y...
- Bueeeeeno, qué se le va a hacer. Escucha, es la una y media. ¿Recuerdas que tienes que ir al torneo de Tekken, verdad?

En ese momento yo me estaba yendo de la tienda, bajaba las escaleras mecánicas y asentí diciendo:
- Sí, claro. Nos veremos directamente allí, no?
- Por supuesto, yo ya estoy ultimando las cosas para irme -su voz entrecortada, su respiración acelerada y el ruido del videojuego de fondo delataban que Germán estaba "ultimando detalles" entrenando por última vez antes de salir de casa.
- Bueno, Ger, yo voy al McDonnald's y ya nos veremos directamente allí, ¿de acuerdo?
- De acuerdo. Por cierto, espero que lleves paragüas con extra de impermeable.
- ¿Por? -en ese momento, las escaleras mecánicas acabaron su recorrido, llevándome diréctamente a la puerta de salida y abriéndose ante mí la visión de estar asistiendo al Diluvio Universal 2.0 - Ostras... Vale.
- Creo que ya has visto que chispea, así que ¡suerte! Y nos vemos allí.

Me hice un mapa mental en mi cabeza. Una de las grandes cosas que me ha enseñado Cruz Roja es a aprenderme la ciudad al detalle, así que me puse a recordar paso a paso todas las zonas cubiertas que había desde allí hasta la hamburguesería.
Pasé por debajo de algunas cornisas, toldos, e incluso aproveché la marea de gente de la zona céntrica para ponerme bajo algún paragüas de gente despistada. Entré en El Corte Inglés para acortar camino y de paso mojarme menos, aunque todos me miraban con desesperación al ver que mojaba las alfombras y todas las cristaleras que tocaba a mi paso. Pero por fin llegué a mi destino.
Lo primero que hice al entrar fue subir al primer piso, meterme en el baño, cerrar la puerta y quitarme la camiseta. La puse bajo el secamanos eléctrico y me sequé con algo de papel. Lo del secamanos se me ocurrió en cuanto entré en el establecimiento. No le puse el pestillo al baño, así que un hombre que abrió la puerta se quedó mirándome con cara rara al ver a un chico sin camiseta secándola bajo el chorro de aire caliente.

- Pero es ingenioso -dije, aprovechando que igual no me entendía dada su pinta de turista. Creo que efectivamente no me entendió, ya que tal como vino, se fue.

Me pedí un menú básico y comí relajadamente, ya que iba bien de tiempo. Esperé incluso a ver si escampaba, pero como ví que era imposible me dispuse a salir. Estaba muy a gusto con mi camiseta calentita y seca, y aunque sabía que tendría que volver a salir, no creí que me iría a mojar de la manera que me mojé: tener la ropa como acabó empapada e ir completamente desnudo a la calle ese día era prácticamente lo mismo:

Cuando estaba calculando de nuevo mi ruta bajo techos y demás, dos coches tuvieron un toque en plena Alameda Principal. Uno de ellos, enfadado, dio un volantazo para quitarse de en medio sin percatarse de que un motorista venía por detrás. No pudo evitar el choque y salió volando.

- No, por favor. Ahora que estaba seco...

Me dirigí hacia el motorista para valorarle, pero aunque sólo tenía un rasguño en un brazo, dio la casualidad de que una ambulancia de Cruz Roja se detuvo justo al lado. Eran Inma, Súper y Rafa que volvían de un servicio.

- A ver, ¿qué tenemos? -dijo Rafa para informarse.
- Motorista con daño sólo en el brazo izquierdo, no se queja de nada más. Aparte le he visto caer y no se ha golpeado la cabeza.

Inma estaba abajo con una camilla, pero vio que no hizo falta y la devolvió a su sitio en la ambulancia.
El motorista se repuso, vio que la moto estaba bien y se quedó para dar parte junto a los dos coches. Todos se subieron en la ambulancia.

- ¿Para dónde vas? -dijo Inma.
- A Ciudad Jardín.
- Pues si no hay problema, sube y te llevamos -dijo mirando a Súper y Rafa.
- Por mí no hay problema -dijo Súper.
- Así nos damos una vuelta -respondió Rafa.

Con todo esto, pusimos rumbo al pabellón de Ciudad Jardín donde se daba cita el torneo. Todos vieron a una imponente ambulancia llegando al recinto, y cuando me bajé, Germán dijo impresionado:

- ¿Y esto?
- Una larga historia...

Al entrar vimos a un montón de gente, sobretodo disfrazada ya que además se celebraba un concurso de cosplay (costume play, vestirse de algún personaje, vamos). entre todos ellos, había una chica sentada leyendo un cómic. Cuando el temporizador se cumplía y las luces se apagaban, ella miraba al techo como si por arte de magia se encendieran solas. En realidad, era alguien que siempre le daba, porque en el hall estaba algo oscuro. Nuevamente, cada vez, se centraba en su libro. En una de ellas, yo fui el que le dió a la luz. La chica me miró y me sonrió, pero acto seguido volvió a evadirse del mundo y se puso a leer.

Coincidimos en unas cuantas actividades que amenizaban la tarde, algún juego de mesa y demás. Cuando llegó el momento del torneo, ella estaba entre el público animándome, definitivamente habíamos congeniado.
- Tío, la chica con la que has estado hablando está sentada en tercera fila. ¿No te desconcentrará?
- Tranquilo, me vendrá bien tener a alguien animando. Ya era hora de que Cata no estuviera sola como nuestra cheerleader particular, jeje.
Pero para qué quise dejarla allí... En el combate de semifinal, al igual que había llegado en el anterior torneo, cuando un sólo golpe decidía el combate, Orihime, que es así como se dio a conocer en el evento, se levantó de la silla:
- ¡Vamos Víctor, ¡¡ánimooooooo!! -acto seguido se tropezó, se cayó de espaldas, y cuando giré la cabeza par aver qué había pasado... me dí cuenta de que el único que no estaba interesado en la chica era mi contrincante, que aprovechó para darme un derechazo que me dejó KO.

- No puede ser... -dije entre sollozos...

Después de una tarde de charla y risas, y ver que teníamos un par de amigos en común, dijimos de ir todos a cenar, y accedí.

Tras la cena dimos una vuelta por el centro. ella era de Torre del Mar, pero no se conocía muy bien Málaga... de hecho, prácticamente no la conocía.
Al llegar a la zona de la Alcazaba y el Teatro Romano, Eugenia, verdadero nombre de la chica, dijo:
- ¿Y esto lleva mucho tiempo así?
- Pues... Algo más de 2000 años.
- ¡No, tonto! Digo así, acotado y con las excavaciones -dijo entre risas, no se esperaba la respuesta tan ingeniosa. Y a decir verdad, yo tampoco me esperaba haber sido tan ingenioso.

Nos apoyamos en las vallas, para mirar las ruinas más de cerca. Nos acurrucamos, nos juntamos cada vez más por el frío, y... nos besamos.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Cómo he llegado hasta aquí. T 2, C.2

Cómo he llegado hasta aquí.
T.2, Capítulo 2. Cambios en la noche.


Caro estaba sentada en el suelo, apoyada en la pared y observando el cielo estrellado junto al mar, típica vista nocturna desde la base de CR Málaga. Su porte era de pesadez, la cabeza se apoyaba ligeramente sobre su hombro derecho y tenía la mirada perdida. Sus ojos reflejaban tristeza y a la vez resignación, pero también dejaban asomar lágrimas que de vez en cuando acababan cayendo por sus mejillas.

Mirando al horizonte recordaba aquellos fantásticos años que había compartido con el que hasta hacía unas horas había sido la persona más maravillosa de su vida. El blanco de su polo de uniforme tenía algunas manchas de la pared, así que cuando escuchó que se aproximaba una ambulancia se levantó rápidamente, se sacudió la ropa e intentó secarse las lágrimas con las manos.

- Hola, Caro. ¡Qué haces aquí a estas horas? -dijo Súper, quien bajaba del asiento del conductor.
- Nada. Me senté aquí un rato a mirar el mar, que muchas veces me habéis hablado de las vistas y nunca he tenido oportunidad de ponerme - en la cara de Carolina cada vez se esbozaba una mayor sonrisa-. Lo malo es que se me ha pasado el tiempo muy rápido, jeje.
- Sí, realmente este tipo de vistas es de las que hacen que te pongas a pensar en mil cosas, y da gusto ver que las horas se pasan volando. En fin, voy a limpiar la ambulancia. ¡Cierra las puertas, Víctor!
- ¡Voy! Hola, Caro; ¿qué tal estás?
- Bien, bastante bien. Gracias.
- Se te nota algo decaída...
- No es nada. Hoy tuve un accidente de tráfico y un chico joven ha fallecido. Me he puesto a pensar en eso, y al final le he dado un buen repaso a mi vida.

La expresión de Caro definitivamente era alegre, pero no podía terminar de ocultar unos ojos tristes que acababan de llorar haría no más de cinco minutos. Pero en ese momento no quise preguntar. Cuando acabamos la limpieza, Súper se llevó la ambulancia para guardarla en el garaje, y Caro se quedó conmigo. Cruzamos una leve mirada, y ella se secó una lágrima al momento que se reía pidiéndome perdón.
- No quiero que me veas llorando, soy una tonta.
- Caro, el llorar no es síntoma de debilidad, al contrario. Es una señal de que aún somos humanos, lejos de volvernos autómatas en donde nos ha tocado vivir, haciendo lo que nos ha tocado hacer.
- Este sitio es maravilloso -dijo Caro mirando de nuevo al horizonte-. ¿Y todos venís aquí alguna vez?
- De vez en cuando, sí. Yo mismo suelo quedarme algún que otro rato para pensar las cosas y poner órden en la cabeza.

Esto último hizo gracia a Caro, que volvió a reir, esta vez con más ganas.

- Es que... no estoy teniendo una buena semana, ¿sabes? Estos días he estado de peleas con mi novio, hemos cortado esta mañana y hace unas horas se me muere un paciente... Definitivamente no es mi mejor semana que digamos.
- No importa, no tienes por qué contármelo si no quieres. Mira, este es un lugar donde cada uno viene con sus pensamientos y reflexiones, y entre los tres se intentan poner de acuerdo. Hay quién a veces viene aquí un poco antes de salir a un servicio fuerte o a un aviso grave.
- ¿Quieres decir... como si estuvieran rezando?
- Más o menos. Sólo que aquí la mayoría de la gente intenta mantener a Dios fuera de esto.
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- Hay gente que le ayuda. Y tú me dijiste que eras cristiano, hasta que eras catequista e ibas a campamentos...
- Es cierto. Pero de un tiempo a esta parte, digamos que me estoy planteando mi posición dentro de mi fe.
- ¿Y eso por qué?
- Muchas cosas. Empezando por que cada vez me encuentro fuera de lugar, y encajando en sitios donde antes sería impensable estar.
- ¿Como cuales?
- La sanidad, por ejemplo.
- ¿La sanidad? !Pero si eres enfermero!
- Cierto. Sirve como ejemplo para decirte que todo está en continuo cambio. Te tiras toda tu infancia odiando todo lo relacionado con las agujas y de pronto te haces enfermero. Cambian las personas, los entornos, los amigos no siempre son los mismos, incluso aquellos que piensas que el día de mañana serán los padrinos de tus hijos, un día te das cuenta de que no son tan buenos y decides separarte de ellos. Incluso podemos llegar a cambiar nuestra forma de vida.
- Tienes razón. Algunos cambios son buenos -dijo Carolina totalmente animada-. Y puede que si ha pasado todo esto será por algo.
- Lo que debes tener claro es que no vale la pena venirse abajo por algo que no tenga solución.

Los dos nos quedamos en silencio sonriendo y mirando al mar. Todo esa noche iba de cambios. Debía de ser esos momentos conocidos como "la calma que precede a la tempestad", porque...

- ¡Víctor, Caro, corriendo a la ambulancia que tenemos tarea!

Y la noche siguió siendo preciosa... o por lo menos su cielo estrellado.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cómo he llegado hasta aquí. T 2, C.1

Cómo he llegado hasta aquí.
T.2, Capítulo 1. ¿Y qué rayos hago aquí?


La Enfermería es la ciencia del cuidado de la salud del ser humano. Es una disciplina que en el último siglo y particularmente en los últimos años ha ido definiendo cada vez más sus funciones dentro de las ciencias de la salud. Según la definición elaborada por la Facultad de Enfermería de la Universidad de Moscú, en Rusia, es la «ciencia o disciplina que se encarga del estudio de las respuestas reales o potenciales de la persona, familia o comunidad tanto sana como enferma en los aspectos biológico, psicológico, social y espiritual». La enfermería es una profesión de titulación universitaria que se dedica al cuidado integral del individuo, la familia y la comunidad en todas las etapas del ciclo vital y en sus procesos de desarrollo.

Chicos, a veces la vida da giros tan inesperados que no sabes si los cambios que implican serán buenos o malos. Siempre nos empeñamos en pensar que nada va a salir bien, que todo se irá al infierno, y que no hay vuelta atrás. Pero... ¿y si pensáramos que esos cambios no tienen por qué ser necesariamente trágicos, nos hartásemos de valor y, simplemente, saltáramos al vacío? Pues eso es lo que yo hice en el verano del 2010, después de un largo y duro mitad de año.

- Chicos, no quiero veros más ahí debajo. ¿Es que no veis los cascotes o qué?
- Los apartamentos son pequeños, Santi. Podemos entrar y sacar a quién esté dentro sin problemas.
- Negativo. Eso es trabajo de los bomberos. Si queréis, estad preparados con el equipo de oxígeno y los útiles para quemados.

El humo era denso y las llamas altas, pero para el Equipo de Rescates y Emergencias nada es demasiado. En él hay gente que necesita de esto para sentirse útil, realizado, vivo. Y sobretodo... hay gente que no se puede estar quieta.

- Voy a entrar. Víctor, cúbreme desde aquí y me vas guiando.
- ¡Espera!
- ¿Qué pasa?
- Por ahí no... Entra por la ventana de la derecha, que al menos está abierta.

Rafa me miró con aprobación y una media sonrisa en la cara al ver que le apoyaba y le guiaría mientras él estuviese dentro. Era un chico impulsivo, así que de nada servía retenerle. Además, hacía bien su trabajo.

-
Patrol 11, aquí Patrol 9. ¿Me recibe?
- Aquí Patrol 11. Perfectamente. Contacto visual establecido.
-
De acuerdo. Vigile la zona alta, me dijo hacia allí.
- Negativo, Patrol 9. Esa zona es el foco del incendio; desista avance.
-
Recibido. ¿Alguna otra forma de llegar?
En ese momento algunos cascotes y materiales envueltos en llamas comenzaron a caer.
- Negativo. Media vuelta, Patrol 9, ¡media vuelta!

Al salir, Santi nos recibió con cara de pocos amigos y con los brazos cruzados
- Dadme los pokets (N del T: walkie talkies). Los dos.
Nos miramos con disgusto, pero al final tuvimos que darle los walkies y quedarnos en la ambulancia hasta que los primeros heridos tuvieron que ser evacuados.

- Vosotros dos: os quiero en la ambulancia 2 y echando leches hacia Carlos Haya (N del T: hospital de Málaga).
- De acuerdo, pero yo conduzco -dije en un intento de que colase, pero...
- Negativo. Rafa, toma las llaves.

La cara de Rafa era de alegría mientras que la mía era de pasividad Otro día sería...

-Esperadme chicos. Me voy con vosotros.

Era Carolina, una nueva enfermera que venía en la ambulancia a la espera de pacientes a los que trasladar al hospital.

Una vez todo acabado, nos vimos de nuevo todos en la base de Cruz Roja, en el Puerto de Málaga. La noche era preciosa, sin nubes y se podía ver un precioso cielo estrellado. Además, la brisa marina que acariciaba la cara hacía una noche perfecta para pasear junto al mar.

- Decidme, chicos. ¿Por qué estáis aquí? -dijo Carolina, para iniciar una conversación entre los tres.
- Yo buscaba algo diferente, algo que hacer fuera de la rutina. Por eso elegí hacer esto - dijo Rafa.
- ¿Y tú, Víctor?
- ¿Yo? Bueno, en realidad esa es una pregunta corta con una respuesta muy larga.
-¿Cuánto de larga? -volvió a preguntar la enfermera
- Años de larga -se rió Rafa. Me hizo reír también a mí.
- Si no quieres, no tienes por qué contarlo -dijo la chica.
- No, no es eso -apunté-. Es sólo que lo que dice Rafa es cierto. Es bastante complicado de explicar. Verás, estoy aquí por muchas cosas. Me gustan las urgencias más allá que una simple ambulancia. Me gustan los rescates, la subida de adrenalina, el tener que pensar rápido y acertadamente en momentos de máxima tensión...
- Y por resetear -me cortó Rafa.
- ¿Resetear? -dijo la enfermera.
- Sí. ¿Nunca te ha dicho por qué empezó en Cruz Roja Benalmádena?
- Creo recordar que porque le gustaba la costa y el ambiente de allí, ¿no era eso?
- En parte sí, pero... fue por más cosas. Bueno, por una cosa en concreto.
- Te estás pasando, Rafa. Pero ahora no me dejas más remedio que explicarlo -dije-
- Me estáis asustando bastante los dos...
- Tranquila, te lo explicaré. Fue por una chica.
- ¿Una chica? Era ella de Benalmádena entonces...
- No, no... Más bien al contrario. Yo no fui para buscar, sino para alejarme.

Esa noche fue lo bastante larga como para poder contarle toda la historia. Cómo conocí a Sasha, cuanto pasamos juntos... Y por qué me recorrí media costa malagueña buscando tener mi cabeza ocupada para no pensar en algo que fue importante en mi vida... y que por el curso que va a tomar esta historia veréis que no ha dejado de serlo. Ni dejará de serlo nunca.

domingo, 6 de junio de 2010

Capítulo 8. Fuegos artificiales.

A partir del verano de 2009, hace justo ahora un año, la historia que estoy contando comenzó a tomar un rumbo significativamente distinto, y es que comenzaron a ocurrir las cosas que definitivamente me llevarían, un año después, a poner rostro y nombre a la verdadera felicidad con la que me daría completamente de lleno. Y como os digo, se dieron una serie de situaciones para ello.

Cuando llegué a Cruz Roja Málaga, redescubrí mi propia ciudad, y es que no era lo mismo salir a pasárselo bien o simplemente ir a dar una vuelta que subirse en una ambulancia y cubrir las emergencias que ocurren diariamente. Pero eso fue antes de adaptarme por completo al equipo de Emergencias. Antes, como tenía todo el tiempo libre, me apunté nada más llegar al programa de baño adaptado. Esta tarea consistía en llevar a la playa y poder bañar a gente impedida, tanto física como psíquica, y se estaba todo el día allí. Era fantástico, muy bonito. Pero un día, cuando recogíamos todo, mi teléfono sonó. Era del Equipo de Emergencias.

-Hola, Víctor. Hay un incendio forestal en Estepona y vamos a mandar una ambulancia. ¿Podrías estar aquí en media hora?

Le expliqué la situación a un compañero que estaba al lado mía. Me dijo que él me llevaba, puesto que tenía que pasarse por base para recoger algunas cosas.

-Sí, claro. Estaré allí lo antes posible.

Llegamos al lugar del suceso poco después del anochecer. Una enorme bola de fuego que en realidad era una montaña totalmente sepultada por las llamas. Era desolador, arrasador, destructor... Era... hasta bonito.

En cuanto llegamos a nuestra posición, vimos bajar todo el grupo de retenes, grúas, camiones y coches de policía y guardia forestal.

-¡Rápido, hay que irse de aquí! El viento está cambiando, debemos trasladarnos a la otra ladera.

Apenas nos habíamos bajado de la ambulancia, tuvimos que subirnos corriendo, arrancar y darnos la vuelta para no ser arrollados por todo el equipo de extinción del fuego.
Seguidamente, cuando llegamos a, esta vez sí, nuestra posición definitiva, pudimos bajarnos y contemplar de nuevo toda aquella destrucción medioambiental. Nuestra ocupación era atender a los miembros del retén que se retiren a cada cambio de turno. Quemaduras y hematomas estaban a la órden del día, e incluso atendimos a un tipo al que se le había caído un ladrillo en un pie.

Y después legó la luz del día, y con ella, un equipo aéreo formado por helicópteros e hidroaviones que formaban la cobertura desde el aire. Y a media mañana, la Unidad Militar de Emergencias, UME, fueron los que se encargaron de a situación.

Pasadas 18 horas desde nuestra llegada, nos llamaron diciendo que el segundo equipo de relevo había partido hacia la zona, y que cuando llegara nos retirásemos de vuelta a Málaga. Cuando ocurrió, no había pasado ni la mitad del incendio, que llegó a prolongarse hasta tres días. Al llegar, estábamos abatidos, y recuerdo que estuve durmiendo casi un día entero.

Dos meses más tarde, el día del concierto-inauguración de la feria de Málaga, fue mi primer servicio de verdad en Málaga.

-El servicio se desarrollará de la siguiente manera: como veis, hemos habilitado el PMA -Puesto Médico Avanzado, el hospital de campaña, vamos - a la entrada del Paseo Marítimo Antonio Martín. Allí se encontrarán 3 personas. Un médico de la compañía Flying Doctors, un enfermero y una persona de apoyo. El resto irá en las ambulancias y formando patrullas de dos a tres personas.

Por ser el "nuevo", a mí me tocaba ser la persona de apoyo dentro del PMA. Y es algo que agradeceré toda mi vida. Desde las 8 de la noche que comenzó el servicio hasta las 9 de la mañana del día siguiente había atendido a más de 280 personas. Desde simples intoxicaciones etílicas hasta dos personas a las que se les tuvo que poner puntos de sutura. Fue una noche magnífica, sin duda, de las mejores que he tenido en mi vida.

-Víctor, tenemos un aviso de una persona que no puede moverse en la arena, parece que se le ha salido la rodilla o algo, ¿podrías venir?
-Claro, vamos para allá.

Estaba muy oscuro, no sabíamos si pisábamos toallas, arena o gente, aún así íbamos con cuidado pero deprisa puesto que había que llevar a la persona al hospital lo antes posible. Cuando llegamos al lugar, una chica nos recibió. Seguía estando muy oscuro, por lo que no pude verle la cara.

-Hola, aquí. Se trata de mi amiga, se le quedó el pié en la arena bailando y le duele mucho la rodilla.

-La tiene muy inflamada. Tiene que haberse salido algo -dijo mi compañero, alumbrando con una linterna.
-Pues no se hable más -dije-. Nos la llevamos.
-Muchísimas gracias, ¿puedo ir con ella? -dijo la chica.
-Claro que sí, viene bien que haya un acompañante.
Cuando estábamos llegando a una zona más iluminada, recibí un aviso por radio. Me necesitaban con urgencia en el puesto médico.

-Debo irme, ¿seguro que podéis llevárosla vosotros solos?
-Sí, caro. Nos está esperando Iván en la ambulancia.
-De acuerdo. Nos vemos luego.

Así que se llevaron a la chica al hospital, subiéndola a la ambulancia justo al mismo tiempo que lanzaron los fuegos artificiales que darían por comenzada la feria de Málaga de 2009.

Y ese fue el final de la historia de esa noche. Y esta, la primera de las numerosas situaciones que llevarían a encontrarme con esa felicidad un año más tarde; porque ella, un año después, me acabaría contando que era la acompañante de la chica a la que llevaron al hospital.

lunes, 31 de mayo de 2010

Buscando la felicidad.

Capítulo 7. Paquete.

Algunos creerán que un año es lo suficiente como para olvidar una relación. Y eso creía yo, hasta esa misma tarde. Por eso, la historia que ayer conté no es exactamente como la conocéis hasta ahora. El 28 de mayo de 2009 yo tenía planes, iba a tomarme algo con unos amigos, pero una hora antes de irme comencé a hablar por messenger con Sasha. De todo lo que podríamos haber hablado, de todo lo que me podría haber contado, todo lo que me podría dicho y todo lo que podría haberme hecho saber, escogió lo que, en ese momento, creí que era lo peor que podría decirme nunca.

Víctor: Ah, novio? Me alegro muchísimo, Sasha!! ^^
Sasha: Gracias! jeje. Pues sí. Estamos saliendo.
Víctor: Y qué, cómo va? Todo bien?
Sasha: Pues sí, es un chico muy bueno, me encanta. Lo pasamos muy bien.
Víctor: Me alegro muchísimo, Sasha, no sabes lo contento que estoy ^^
Sasha: Gracias, jeje.
Víctor: En serio, me alegro de que te vayan bien las cosas. ^^
Sasha: Que sí, que gracias.
Víctor: Estouy super contento ^^
Sasha: Víctor, estás bien?
Víctor: Sí, en serio. Es que me alegro tanto que...
Sasha: Víctor... por favor.
Víctor: Me está dando un ataque ^^
(silencio de un minuto)
Sasha: No tendría que haberte contado nada...
Víctor: No, si has hecho bien, de verdad.

No había hecho bien. Por lo menos no es lo que me parecía en ese momento.

Sasha: Ya ha pasado un tiempo... No deberías de estar bien ya?
Víctor: Debería... U.U
Sasha: Ains... Definitivamente no debería de habértelo dicho.
Víctor: Que no, mujer. Has hecho bien. Eres psicóloga, estarás de acuerdo conmigo en que los tratamientos de choque ayudan ^^
Sasha: Pues menos mal que no te he dicho que me caso...
Víctor: No lo hagas ^^
Sasha: Casarme?
Víctor: No, avisarme. Por lo menos, no de sopetón.
Sasha: Si quieres te lo digo en una fiesta...
Víctor: No me puedo creer que siga así... U.U
Sasha: Bueno... Tengo que irme.
Víctor: Y yo. Ya hablamos. Besos.
Sasha: Ok, un beso!

Esa tarde se me quitaron las ganas de todo. De salir, de comer, de dormir... Y el caso es que sabía que no era por el hecho de que Sasha estuviera saliendo con alguien, sino que no me podía creer que, incluso un año después, pasara lo que pasara, yo no dejase de estar pillado por ella.
Como si de una pequeña muerte se tratase, vi pasar mi vida por delante de mis ojos, pero sólo el tramo de 4 años en los que la conocí y empezamos a salir juntos. Los momentos de juegos, desde cuando hablábamos inglés hasta que le enseñaba español y ella a mí ruso. Las veces que salíamos, las veces que estábamos a solas, los paseos por la playa cogidos de la mano, los viajes... No se volverían a repetir. Y en ese momento, mientras estaba abatido y tumbado en la cama, mirando al techo y pensando que mi operación de alejarme de esos recuerdos se había ido al traste en tan sólo 20 minutos, fue cuando Tania me llamó proponiéndome ir con ella al concierto.
Y me devolvió la ilusión.

Entonces, llegó el día del concierto. Tania llegó del tren a eso de las 3 de la tarde, así que almorzamos en el centro. Después fuimos al auditorio donde se haría el concierto, y estuvimos guardando cola desde las 18:00... siendo el concierto a las 22:00.
Durante todo el tiempo que estuvimos guardando cola hubo tiempo para que yo realizase un par de intervenciones en chicas con ataques de ansiedad y golpes de calor, y para cambiar un par de veces de cola viendo que una iba más descargada de otra... para luego darnos cuenta que era justo lo contrario.
En definitiva, fue una noche maravillosa. Ella, disfrutando del concierto; yo, disfrutando de su compañía. Incluso hubo un tiempo para bailar juntos, muy pegados, pero...

-¿Que no la besaste? ¡Paquete!
-Isra, te he dicho mil veces que no vuelvas a llamarme eso.
-Pero es que lo eres, ¡paquete!
-¿Qué es eso de paquete? -dijo Ana.
-Fue en el campamento donde Víctor y yo nos conocimos. ¿Recuerdas que hace años él estaba por mi hermana? Pues una vez, de las que mi madre y ella venían a recogerme, mi hermana fue a despedirse de él...

"-Isra, nos vamos.
Voy!
-Bueno, Víctor, tengo que irme" -dijo mi hermana. Entonces a Víctor le entró el pánico de adolescente y fue cuando giró la cara.
-¡Mi madre me llamó!
-Vamos, giraste la cara. Si tu madre ni siquiera estaba allí.
-Estaba detrás tuya, listillo.
-Ya...
-Vamos los dos, dejad de pelearos.
-¡Paquete!
-¡Ana!
-¡¡Que ya vale!! -nos cortó Ana- De todas formas, Víctor, quizá debieras haberla besado.

Esa conversación siguió durante toda la noche, debatíamos acerca de si habían señales suficientes para haberla besado o por el contrario sólo quería ir a un concierto con un amigo que sabía que iba a estar disponible. Aunque llegué a comprender que ese era exactamente el fallo, hasta años después no recibí la respuesta por parte de la persona implicada: Tania me contó que incluso estaba esperando que la besase.

Por eso, chicos, si alguna vez tenéis la oportunidad de hacer algo como esto, no penséis que puede estar mal o ser una equivocación. Pensad que se puede convertir en un momento maravilloso y apasionado, y este tipo de momentos son de lo mejor que se puede experimentar.

domingo, 30 de mayo de 2010

Buscando la felicidad.

Capítulo 6. Llamadas.

Recapitulemos. Nos encontramos en un punto de la historia en la que sigo intentando remontar el vuelo después de haber cortado una maravillosa relación con una maravillosa chica. Para ello dejé mi ciudad para embarcarme en una aventura con objetivo de comenzar una nueva vida. Un nuevo ambiente, situaciones nuevas, gente nueva... Y todo parecía ir bien, incluso conseguí comenzar una relación y hacerla llegar hasta un cuarto de año y un día con Carmen Ortega. Entre tanto conocí a más chicas, y una de ellas es Tania.

Tania es una chica increíble. Muy simpática, habladora y divertida. Nos conocimos en un bar de la costa y resultó que ya nos conocíamos de antes, aunque yo estuviese más lúcido que ella en aquella ocasión... El caso es que con ella me sentía atraído de una manera que no me había sentido antes, incluso con mi posterior relación. Era una sensación bonita, de las que dibujan una sonrisa en la cara cada vez que ves una foto suya, oyes su nombre en la televisión o lo lees mientras estás buscando el teléfono de alguien en el móvil por la letra "t".

Pero retomemos la historia, y nos situaremos a finales de mayo, día más o menos por estas fechas, hace un año:

28 de mayo de 2009

Por aquél entonces, yo me propuse dejar mi obsesión desesperada por encontrar alguien que "sustituyera" de algún modo el hueco dejado por Sasha, y que ni siquiera mi primera relación estable después de aquello había podido arreglar. Por eso, busqué nuevas maneras de aprovechar el tiempo.
Comencé a hacer algo que no había hecho nunca, y era pasarme todo el día en la facultad, sin pisar mi casa ni siquiera para comer. También aumenté mi actividad en Cruz Roja, lo que hacía que mantenerme ocupado en lo que más me gusta conseguía que mis mente se centrase en una sola cosa.

Pero el 28 de mayo, estando en casa solo y matando el tiempo en cualquier tontería, pasó algo que cambió (una vez más) el curso de esta historia. Y empezó con una llamada telefónica que recibí esa tarde:

-¿Diga?
-¿Víctor? ¡Qué alegría oírte! Hola soy Tania. Estoy muy nerviosa, no sé qué hacer. Hay una chica, está en el balcón. Yo... ¡¡¡¿¿¿Qué hago???!!!
-Ehm... Lo primero, tranquilizarte. Y lo segundo, dime qué pasa y ¡hazme el favor de colgar y llamar al 112!
-Pues hay una chica... que se ha tirado, está suspendida en el balcón, no ha caído gracias a las cuerdas del tendedero.

No era capaz de colgar y llamar a los servicios de emergencia. De alguna manera, su impulso la llevó a llamarme a mí para que pudiera hacer algo. Sabía que no podía defraudarla, pero me era imposible llegar a tiempo, estaba a una hora de allí.

Al final, la suerte quiso que otra persona llamara a los bomberos, y también hizo que el parque de bomberos estuviera a sólo dos manzanas del lugar. La chica se salvó. Esa noche, después de un par de tilas y relajarse en casa, Tania volvió a llamar:

-¿Qué tal, más tranquila?
-Sí... gracias por haberme ayudado
-Yo no he hecho nada, sólo he hablado contigo.
-Ya pero... eso me ha ayudado. Me he sentido segura, por eso llamé. Eras la única persona en la que quería confiar en ese momento.
-¿Ah, sí? ¿Y eso?
-Porque eres enfermero, estás en Cruz Roja... No sé, desde siempre me inspiras confianza.
-Bueno, me alegro de haberte servido de ayuda, Tania. Ahora a descansar y a relajarte, que te vendrá bien.
-Sí... Hey, Víctor, una cosa. Hay un concierto del Canto del Loco esta semana, ¿quieres que vayamos juntos?
-¿A un concierto del grupo cuyo vocalista canta con las fosas nasales?

En ese momento se formó un silencio del que estaba seguro que al otro lado Tania estaría mirando al vacío con cara de mala leche. Pero era una oportunidad muy bonita para estar con ella, así que...

-Claro que quiero ir.
-¡Bien! Ya verás, va a estar genial. Y podríamos quedar pronto, e ir a comer, dar una vuelta por el centro o algo.
-Es un buen plan. Me apunto.

Y así fue como Tania y yo fijamos nuestro primer encuentro sin tener que vernos después de acabar algún turno o no tener tiempo y terminar hablando por teléfono.